Relatos, cuentos y leyendas

Ejercicio de escritura exprés

Cuidado con lo que deseas

Tampoco era un día especial. Llovía y hacía un frio del carajo, pero yo no podía faltar a mi cita. Últimamente había pocas como para desperdiciarlas. Y así, enfundado en unos vaqueros nuevos y mi camisa de la suerte, me adentré en el chaparrón.
El restaurante no estaba lejos de mi casa. Aun así, el paraguas era necesario. «Hay que ver lo que daría por un poco de sol», pensé. Jamás una tormenta se disipó tan rápido. Las nubes parecían ladrones a la fuga.
Dos minutos más tarde llegué a mi destino con un paraguas que sobraba tanto como valor me faltaba.
—Hola, soy María —dijo una rubia espectacular, que en nada difería de su foto de perfil.
—Yo Carlos.
La conversación se encauzó sin problemas, más bien con soltura. No callaba la rubia, ni contestar me dejaba. Y si en algún momento lo hacía, en provecho de la milésima de segundo que le costaba coger aire, presionaba con sus palabras a mis respuestas, que terminaban por apagarse.
«No calla, la jodia», pensé. Y voila, ni siquiera terminó la frase sobre su tía parisina y el perro de esta. Fue entonces cuando me percaté. «¡Mis deseos eran órdenes a mi alrededor!».
No tardó en acudir un camarero con un buen filete de ternera y la mejor botella de vino del lugar. «A esto invita la casa, señor», me dijo. Yo sonriente. Ella callada. Cené mejor de lo que jamás soñé. «¡Cómo estaba la carne! ¿Y el vino…? Buff».
Al salir nos recogió una limusina para llevarnos al Ritz. Por el camino me aburría un poco. «De algo tendremos que hablar», pensé. Y un mar de palabras brotaron sin freno de tan preciosa mujer. Me supo mal cortarla de nuevo, no fuera a explotar.
Llegamos al hotel. Todo perfecto. En el ascensor ya jugueteamos un poco. Eso era real. Yo deseaba que así fuese.
Lo malo vino de puertas para dentro. Yo quería a la mejor amante que existiese sobre la tierra, irrefrenable, incendiaria, potente, arrolladora. Y se cumplió. No hubo forma ni deseo que la frenase. Lo que pasa es que escondía más atributos de los que enseñaba.

 

Actividad del curso de escritura creativa de la UJI, con Rosario Raro a los mandos del cronómetro. Un palito a elegir, veinte minutos y algo de presión.

Idea extraida por Sicila Nuño De Haro, invitada de honor, del blog Lapicero mágico

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