Historia de Nubalión

Prólogo

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Prólogo

En el prólogo de Latidos de guerra muestro dos fragmentos de un libro que Alegra descubre enterrado bajo la arena del Inferne (gran desierto). Un libro que le despierta una curiosidad irrefrenable por todo lo relacionado con aquel planeta y su historia.

 

Verso segundo, las guerras interminables. Volumen cuarto de las crónicas antiguas.

 

Hubo un tiempo hace tanto,

Que lo más normal era el llanto,

Clamando la pérdida de un ser querido,

Un padre, una madre, un hermano,

Llanto sincero, profundo y sentido,

Que animaba la venganza de tu mano,

Derramando aún más sangre por el filo,

De una espada, o un impulso mundano.

Así sucedió generación tras generación,

Separando poblados, ciudades y hermanos,

Ya fuera con o sin razón, de frente o por traición,

Se segaron muchas vidas preciadas en Nubalión.

 

Vida de Juse y Tolme, presentación. Volumen cuarto de las crónicas antiguas.

 

Juse y Tolme fueron los nietos más valerosos de Artanses III y Enesia, hijos de su hijo pequeño, Fileses, unido a Atari por el rito sagrado. De juventud inquieta, y atados por un lazo indestructible, como cualquier par de gemelos, siempre buscaban la forma de pelear contra un elfo para vencerlo.

Estaba muy claro en la sociedad quien eran los más poderosos, y no eran los de su especie. Los argos no podían competir con aquellos seres mágicos, que con tan solo desearlo lanzaban esos impulsos que mataban a un hombre. Pero desde su adolescencia, con apenas trece ciclos de vida, ya se las ingeniaban para batir a cualquiera de los infantes del poblado elfo que se cruzara en su camino. Su ingenio no tenía igual, fruto de la certeza de competir contra alguien superior.

Mejoraron sus técnicas de emboscada y combate hasta el punto de que ningún elfo escapaba de sus trampas, sin llegar a culminar ninguno de sus ataques de forma mortal. Al fin y al cabo, eran unos niños.

Pese a que el mundo había vivido dos conflictos anteriores de gran calado entre elfos y argos, en los cuales murieron sus tíos Artanses IV y Argenses, y más tarde su primo Artanses V, ahora disfrutaban de una época de paz.

Lástima que la paz no durase mucho en aquel entonces, y de un día para otro uno de esos elfos no se tomase bien ser derrotado por dos posadolescentes de apenas veinticinco ciclos. Tuvieron que acabar con su vida al ver amenazada la suya propia. Aquel fue el punto de inflexión que llevó a la fama a los gemelos. Llegaron ataques de parte de los familiares del elfo abatido, pero ellos dejaron de estar a la defensiva, comenzaron a atacar primero. Dejaron tras de sí un reguero de sangre elfa, procedente de innumerables familias cercanas al poder, quienes cinco ciclos después, cansados, pidieron ayuda a Placencur, cuarto hijo de Draken, señor de todas las tierras conocidas en Nubalión. Llamado así por su padre, en honor a su férreo linaje, tan fuerte como los extintos dragones, de los que apenas quedan fósiles en la tierra.

Un ciclo más tarde, Placencur se decidió a ayudar a las familias afectadas de la mejor forma, y mandó a un regimiento de sus tropas hasta las tierras de Valle Aris, donde se sucedían las emboscadas hacía ya seis ciclos consecutivos. Otorgó a esos argos un halo de poder y fuerza que no merecían, pero creía necesaria la respuesta.

Dos fueron los ciclos de batallas y escaramuzas que acabaron por agotar a unas tropas invencibles, para acabar con el suceso más inesperado. El mismísimo Placencur cayó en una de sus emboscadas, y acabó muerto en el desfiladero del Aris, donde pasó de disfrutar de la pesca a teñir con su sangre el agua de aquel importante rio. Por desgracia se llevó con él a su hija Citande, quien con apenas veinte ciclos no tenía culpa de la crueldad de su abuelo ni de su padre, pero estaba allí con él, y como era normal intentó defender a su progenitor.

Elencir, hermana y esposa de Placencur, y madre de la pequeña fallecida, cargada de ira ideó un plan para acabar con los gemelos. Un plan con el que no tardó en cobrarse venganza, y aunque tuvo que agradecer la traición de dos de sus hombres, quienes los envenenaron, la comarca del Hierro se liberó de la amenaza de aquellos argos.

Todo el mundo sabía ya por entonces que no actuaban solos, sino que lideraban a un numeroso grupo de rebeldes que luchaban contra la opresión de la casa Draken. Pero eso no hizo que disminuyera la leyenda, todo lo contrario, se oyen alabanzas y cantos en su nombre todavía en nuestros días…

Muchos aseguran, que, inspirados por las hazañas de los hermanos, y su sacrificio, los descendientes de la otra rama de la casa Artanses tomaron ventaja con el tiempo. Llegando a obtener ciclos después, la ayuda de la misma mujer que ideó la muerte de ambos, convencida por entonces del mal que ejercía su padre, para la creación de la primera varita. Pero eso pertenece a otra historia.

 

 

 

 

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