Reflexiones

Un mal sueño

Un mal sueño

 

Hay quien asegura que el permiso retribuido que establece el gobierno es una broma de mal gusto, ya que consiste en devolver las horas. Yo opino lo contrario. Aunque es muy fácil que pronto cambie de idea. Esto dependerá de cómo adapte nuestro gobierno la nueva extensión del confinamiento total, que ya se plantea hasta el veintiséis de abril.

Está claro que la premisa de una medida como esta es la de no destruir empleo. Y, siendo sincero, yo prefiero que la mitad de las vacaciones me las «imponga» la empresa a engrosar con mi nombre una lista del paro que ya estará demasiado concurrida a partir de ahora. Eso para empezar. Pero claro, se avistan curvas en la carrera contra la saturación de nuestro sistema sanitario. Y, por consiguiente, se alargará el estado de alarma. Es entonces cuando surge la pregunta: ¿Cómo responderá el gobierno? (Que menuda papeleta le ha tocado).

No sería ni ético ni moral evaporar las vacaciones totales de un empleado por causas de fuerza mayor. Y tampoco podemos pretender que devuelvan esas horas. Entonces sí sería una broma de mal gusto, como poco.

«La banca no devuelve lo que le prestamos y no pasa nada, pero yo estoy obligado a devolver las horas a mi empresa».

La otra opción son los famosos ERTES, a los que se acogen muchísimos empresarios para salvar esta etapa de nulos ingresos. Esta medida es correcta dentro de la ética y la moral, sí. Lo que pasa es que algunos de los que se acogen a este tipo de medidas no entienden de ética y su moral se construye alrededor de su cartera.

«¿Quieren hacerme creer que una empresa que factura decenas de millones de euros al año no puede soportar los sueldos durante un trimestre?» No cuela.

Los ERTES están muy bien para los autónomos con escasos recursos, para las PYMES con poco o nulo margen de beneficios, pero no para Iberia, Mercedes, Seat, Burger King, Barceló hoteles, y demás empresas cuyos beneficios superan con creces las necesidades de esta crisis. Ya podrían tener un fondo para este tipo de contingencias. Pero claro, es mejor que pague el gobierno. Esto me recuerda algo que escuché de Mújica el pasado fin de semana:

«Cuando las papas queman todos se acuerdan del estado».

Muchos piensan que esto es exclusivo de los independentistas catalanes y de las demás regiones que abniegan del estado a la hora de «hacer plata», pero recurren a él cuando se trata de cobrar ayudas. Puede que las grandes empresas sean todavía más independentistas si cabe.

Mis pensamientos se nublan estos días…

«El egoísmo potenciado del individuo alcanza los niveles óptimos para la autodestrucción del colectivo como especie».

«¿Cómo pretendemos que fluya nuestra unión de naciones si no somos capaces de apreciar nada más allá de nuestras extremidades?»

«¿Será verdad que el que bombardea y mata pretende la libertad? Pero el que ayuda sin pedir nada esconde la maldad».

El gobierno chino mintió desde un principio con los datos, y puede que la alarma real hubiese sido mayor de haber conocido el verdadero alcance de esta enfermedad, sí. Pero lo que nos mata a nosotros no es el virus, es un sistema que se resiste a ser derrocado, un capitalismo con las raíces tan hundidas en las entrañas de nuestra sociedad que se cree imparable, indomeñable e inquebrantable. Parece no darse cuenta de que hace aguas por todas partes. No soy economista, ni muchísimo menos. Pero nadie puede negar que la deuda es impagable y que el beneficio de los grandes empresarios está por encima de la vida del resto.

«¿Quién fue desahuciado por el error de los bancos? Estafa en muchos casos». No, el banquero no. A ese se le rescató con dinero de todos nosotros. Dinero que todavía no devolvieron. El que se quedó sin casa fue el obrero. El mismo que ahora corre peligro de quedarse sin empleo tras este temporal que nos azota. El mismo que no duerme por las noches ante la posibilidad de que esto ocurra, de que la pesadilla se repita. Y esto es algo que puedo asegurar, porque yo soy uno de los que no duerme.

 

Y, tras confesarme, les digo, señores/as del gobierno:

Nadie se puede hacer una idea de la dificultad que entraña el manejo del timón que les tocó maniobrar. Muchos son los «expertos» que gritan estar en poder de la verdad y al mismo tiempo no saben ni siquiera convivir con sus parejas durante más tiempo de lo esperado. En otros países del mundo se unen opciones de gobierno dispares, pero aquí, la oposición demuestra no ser oponente del gobierno en exclusiva. Con sus ataques demuestran ser oponentes de todos los ciudadanos, más si cabe de los afectados por este virus.

«Ni siquiera son capaces de estructurar una familia y pretenden dar lecciones de gobernabilidad».

Pero, yo les ruego que no me fallen, a mí y a tantos como yo, que pendemos de un hilo a punto de partir. Millones de vidas dependen del acceso a un sueldo y el interés general debería estar por encima del individual. Así que no se olviden de dónde vienen, y ante las eternas amenazas de don dinero: fuerza, ética y convicción. Ahora nos hacen falta más que nunca.

Se avecinan tiempos muy difíciles, y este episodio, inédito para todos nosotros, puede ser mucho más largo de lo que la gente está preparada para escuchar. Pero debemos ser fuertes y aprovechar estos días para que el vínculo familiar se fortalezca.

Ustedes recuerden: la economía puede recuperarse, las vidas no. Y todavía no sabemos nada de esta nueva enfermedad, ni los efectos secundarios que tendrá tanto para los enfermos como para el resto. Pies de plomo, sí, pero del lado de la gente.

 

«El que asegura saber la solución de un problema que no conoce, no piensa en reparar el eslabón, sino en fundir el metal para el derroche».

 

Hay veces que duermo, pero es peor que estar despierto. Sueño con un mundo plagado de egoísmo. Habitado por personas que no se acercan unas a otras, obligadas por un virus que nos anula como colectivo, al menos en apariencia. Una sociedad que deja de serlo, en favor de unos pocos individuos que atesoran la riqueza y el poder…

Espero que, con el tiempo, esto no sea más que un mal sueño…

 

Mucho ánimo a todos y mucha fuerza para los que toman las decisiones.

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